Nuevos ídolos: los pequeños luchadores encienden arenas de México

Músculos, audacia y toda la potencia de sus 19 años contenidos en 90 centímetros de estatura. Es Microman, el más pequeño de los guerreros de esa mezcla única de deporte, espectáculo circense y catarsis colectiva que los mexicanos denominan “luchas”.

“Microman es un luchador que se entrega para toda la gente”, dice el atleta utilizando la tercera persona, consciente de una épica que lo trasciende.

Sin miedo, trepa al punto más alto del ring – más de tres veces su estatura – para saltar al cuello de su rival de turno. Azota a sus contrincantes con llaves y maromas que lo hacen girar como una hélice.

“Está muy chiquito ¡y pelea bien!, para el tamaño que tiene se mueve bastante ágil. Me sorprendió”, dice Felipe Escorza, de 30 años, minutos después de ver por primera vez a Microman y las Micro Estrellas en la Arena México, “la catedral” de este espectáculo según sus fanáticos.

Su acto es el segundo de la noche después de una lucha de parejas de peso completo, que aunque enciende a las tribunas no eleva los decibeles como ellos.

Desde su ingreso por la iluminada pasarela del recinto, flanqueda por enormes pantallas, los pequeños gladiadores desatan un griterío.

Mientras desfilan ensayan sus gestos más rudos, hacen pasos de baile o acrobacias que provocan carcajadas y chistes de algunos asistentes.

Minutos después, su fiereza en el ring acalla las burlas. Rápidamente, Microman, el más pequeño en escena, conquista a la multitud.

Abundan pifias cuando algún rival lo ataca mientras que resuenan alaridos cuando es él el castigador. La maniobra llamada Gravedad Cero, inmortalizada por el célebre luchador Último Guerrero, provoca un estallido.

“Se sube en las cuerdas y se mantiene sostenido con los brazos (parado de cabeza). Lo hace extremadamente bien”, dice entusiasmado Juan Carlos Elizalde, trabajador de construcción de 28 años, quien celebra junto a tres amigos, todos cerveza en mano.

Imagen: AFP

– De bufones a ídolos –

Tanta audacia parece responder terminantemente a quienes consideran que su físico restringe su vida o su potencial.

“Hay gente que nos discrimina pero desde que era niño mi papá me daba consejo, me ayudaba, para que no tomara en cuenta comentarios de la gente”, dice el luchador, hijo del Kemonito, otro diminuto personaje de las luchas mexicanas pero desde un rol muy distinto.

Kemonito ha sido por 30 años una mascota que acompaña a los luchadores como acto cómico. Se viste con un traje peludo azul y amarillo que lo oculta completamente. Antes de las Micro Estrellas ser el hazmerreír era el único espacio para alguien pequeño en este negocio.

Catalina Gaspar, activista por los derechos de personas pequeñas durante 26 años, cuenta su larga amistad con Kemonito y los consejos que le dio para que Microman defienda sus derechos y cuide su integridad física.

“Ya los están entrenado profesionalmente. Eso me dio mucho gusto. Hace 20 años los aventaban (al ring) con personas hasta de dos metros, quedaban muy marcados y lastimados”, dice Gaspar, de 45 años, temperamento recio y algo más de un metro de estatura.

La generación de Kemonito carecía de cualquier derecho o prestación, situación que toleraban por falta de otras oportunidades. “Quedaron paralíticos, unos ya fallecieron (…) hubo uno que se suicidó”, recuerda.

Gaspar aspira a que estos atletas cuenten con seguridad social, vivienda y respaldo “para cuando se retiren de pelear”, aunque celebra sus avances.

“Ahora ya los ven como ídolos, ya no como mascotas y bufones”, destaca.

El debut de Microman, junto al vanidoso Guapito, el payaso diabólico Chamuel y el resto del equipo de ocho Micro Estrellas fue el 30 de abril de 2017.

“Fue un Día del Niño y estuvo genial, toda la gente enloquecía. Microman es el más bajito que hay y es la máxima estrella de los micros”, relata Último Guerrero, creador y mentor del grupo de combatientes que no rebasan el metro veinte de estatura.

Imagen: AFP

– Brillar en el ring –

Oficialmente establecidos desde septiembre del 2017, son la tercera división de luchadores del CMLL (Consejo Mundial de Lucha Libre) luego de las Mini Estrellas, que rondan el metro y medio, y las Estrellas, la máxima categoría en talla y peso.

“El día de mi debut no me esperaba que la gente me recibiera de esa manera, que me apoyara tanto sin conocerme y creo que ese ha sido el momento más feliz que he tenido de la lucha”, dice Microman.

El equipo trabaja para fortalecer sus cuerpos, aprender técnicas y adoptar las reglas del combate profesional. Ya pasaron de luchas a una sola caída a faenas completas de tres, igual que las categorías superiores.

La CMLL les da atención y tratamiento médico en caso de lesiones durante sus entrenamientos o eventos y los apoya económicamente en eventuales convalecencias. No tienen un sueldo, pero les garantizan como mínimo dos eventos por mes, dice la organización.

Las batallas de fin de semana, favoritas de locales y extranjeros en busca de una de las estampas más tradicionales de la capital mexicana, son el clímax para Microman y sus compañeros.

“Son muchos nervios porque no sabe uno si se va a lastimar, lo que va a pasar, si a la gente le va a agradar”, confiesa.

“Ya saliendo por la pasarela se olvidan los nervios, y uno va directamente a lo que tiene que hacer que es mostrar todo lo que uno sabe en el ring”, agrega Microman.

Último Guerrero comparte esa alegría y se siente artífice de su evolución.

“Es algo que logré y de lo que me siento muy satisfecho. Me gusta mucho disfrutar sus luchas y que ellos estén contentos y que puedan realizarse como luchadores y como personas arriba de un ring”, concluye.

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