Webcams eróticas: la salida de muchas venezolanas para cobrar en dólares y sortear la crisis

‘Porno suave’ para sortear la crisis en Venezuela

Yllen

Yllen/ Héctor Estepa

 

Yllen saca una barra de striptease y la coloca en el salón de su casa, al oeste de Caracas. Enciende su pequeño portátil, conecta la webcam, espera la llamada de un cliente y comienza el show. Hace “porno suave”, como ella mismo lo denomina. Un show erótico sin imágenes explícitas ni penetración.“Muchos hombres sólo quieren hablar”, dice, mirando la pantalla.

Hace poco tiempo se habría reído sólo con pensar en desnudarse frente a una webcam, pero ahora es la forma perfecta de escapar a la crisis económica que azota Venezuela. “Cada día somos más, muchos más. No sé dar un número exacto, pero en cualquier concentración de gente seguro que hay varios que se dedican a esto. No sólo mujeres. También hombres”.

Yllen se hace llamar ‘la diva erótica’ por internet. No es una modelo webcam al uso. Tiene 48 años, una edad inusual en el negocio. “Muchos, no te vayas a creer, las prefieren de mi edad”, apunta.

 

Se cobra en dólares. Eso hace toda la diferencia, por la devaluación del bolívar y la inflación

 

 

La crisis venezolana amenazó con excluirla del mundo laboral. Yllen es productora audiovisual —ha trabajado por muchos años en la televisión venezolana— y también bailarina de danza árabe. Regentaba 12 escuelas de baile, hasta que estallaron las dificultades económicas.

De tener más de 400 alumnas pasó a enseñar tan solo a cuatro. Tuvo que buscarse la vida por otro lado y lo más lucrativo fue el negocio de las webcam eróticas. Está contenta con su nuevo trabajo.

“Se cobra en dólares—dice—. Eso hace toda la diferencia, por la devaluación del bolívar y la inflación”.

 

En su página web ofrece sesiones de 10 minutos de Skype a ocho dólares. Ese dinero equivale a 130-240 bolívares en el mercado paralelo, al cambio del lunes 21 de agosto de 2017, que podría ser bastante mayor cuando usted lea este artículo, incluso si es pocos días después.

El salario mínimo de un venezolano es de 250.531 bolívares, aunque sólo reciben 97.531 en dinero físico, y el resto corresponde a tickets de alimentación con los que adquirir alimentos. Es decir, que Yllen puede conseguir más efectivo del que gana alguien con el sueldo base en Venezuela en lo que se tarda en calentar una sopa instantánea.

“No te creas que hacemos mucho dinero. Yo reuniré en torno a los 130 dólares al mes. Te da para comprar comida, pagar gastos, y poco más. Pero es mucho más de lo que está ganando la gente en este país”, admite la ‘webcamer’.

 

Jamás me prostituiría ni haría pornografía. Esto que hago es porque simplemente me ven a través de la cámara, y sin embargo no muchas personas quieren verte desnuda. La mayoría sólo quiere pasar un rato agradable con una chica linda. En los países desarrollados hay mucha soledad

 

“Por supuesto ganas mucho más que estando en un puesto fijo de trabajo en una empresa. Puedes llegar a ganar más que un gerente aquí en Venezuela”, apunta Katherine Delgado, nombre artístico de otra venezolana que se dedica al erotismo ‘online’. “Hay días buenos y días malos, pero en términos generales me va bastante bien”, dice.

La fiebre por la divisa norteamericana se ha expandido por todo el país. “Aquí lamentablemente hasta te pegan un tiro por unos dólares, aunque sean poquitos”, dice Katherine.

La atracción por los billetes verdes es comprensible. Hace tan sólo un mes, el 14 de julio, por cada dólar, uno podía conseguir 8.493 bolívares. Un mes después, la divisa estadounidense vale unos 7.800 bolívares más.

Con esa subida, también suben los precios de los alimentos. El Fondo Monetario Internacional predice que la inflación alcanzará este año el 120% en Venezuela. Los expertos calculan que para poder alimentar a una familia de cinco miembros durante un mes se necesitan 5,8 salarios mínimos.

“Hay que aclarar que cuando yo digo que me va bien, es debido a la devaluación del bolívar. Si yo, haciendo este trabajo, tuviese que vivir fuera del país, no me daba ni para comer”, subraya Katherine.

 

Hace cinco meses ni siquiera sabía que existía el trabajo de las webcams eróticas. “La propuesta me la hizo un amigo. En un primer momento le dije que no, porque yo no estoy acostumbrada a hacer nada frente a la cámara y mucho menos ese tipo de trabajo. Pero debido a la grave crisis económica, a pesar de tener varios trabajos, no me alcanzaba el dinero. La falta de efectivo y las deudas te llevan a hacer este tipo de trabajos”, admite la ‘webcamer’.

“Jamás me prostituiría ni haría pornografía. Esto que hago es porque simplemente me ven a través de la cámara, y sin embargo no muchas personas quieren verte desnuda. La mayoría sólo quiere pasar un rato agradable con una chica linda. En los países desarrollados hay mucha soledad”, precisa Katherine.

Yllen cree que la ventaja de la webcam es la seguridad. “Las chicas que se tienen que dedicar a la prostitución siempre están expuestas a que les peguen o les traten mal”, reflexiona. La prostitución también ha aumentado drásticamente en Venezuela con la crisis económica.

 

Internet ofrece una ventana más protegida. El negocio de las ‘webcams’ eróticas no es el único que atrae a quienes ven a la red de redes como una plataforma que permite sortear la crisis venezolana. La minería de la ‘criptomoneda’ Bitcoin, escribir textos por internet o incluso vender monedas de juegos multijugador ‘online’ son otras formas popularizadas en Venezuela de conseguir divisa extranjera a través del ordenador, sin salir de casa.

Eso, por supuesto, cuando internet funciona bien. Yllen ha llegado a estar días sin poder trabajar por la pésima conexión del país, considerada por los venezolanos como “la peor del mundo”.

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